Yoga en la colonia Tacubaya

Como todo el ejercicio, practicar yoga ofrece ciertos beneficios físicos: incrementa tu flexibilidad, mejora tu equilibrio y baja tu colesterol, entre otros. Pero para la mayoría de las personas que lo adoptan dentro de sus rutinas, la motivación de seguir viene de otro lado. El yoga nos permite conectar con nuestro lado espiritual al darnos momentos de reflexión profunda. Al enfocarse en temas como la introspección y la compasión, la filosofía detrás del yoga crea a personas más equilibradas, con un sentido de responsabilidad hacia el mundo que los rodea. 

Platicamos con Ernesto Ruiz, un amante del yoga que se volvió instructor después de diez años de practicarlo. Actualmente, se ha sumado al equipo de colaboradores de Reurbano para ofrecer una clase dentro de nuestro proyecto más reciente, Manuel Dublán 46. 

¿Qué tipo de yoga prácticas, y qué beneficios tiene?

En este lado del mundo, el mundo occidental, se ha dado una vertiente increíble de métodos o de estilos de yoga. Hay hasta yoga de la risa, yoga de sanación con cuencos, una infinidad de yogas que, de alguna manera u otra, todas benefician al cuerpo y la mente. Sin embargo, yo me conservo en la parte más ortodoxa, que viene de un linaje directo de un maestro discípulo. Esto hace que no se le metan cosas nuevas al método original. 

El primero en el que me especialicé se llama ashtanga-vinyasa yoga, que es una yoga terapia física para el cuerpo, y sí es un poquito fuerte porque busca contrarrestar los efectos del día a día. Por ejemplo al trabajar en una oficina, y estar todo el día con los hombros para adelante, la espalda se curvea. Entonces este método lo que busca es enfocarse en la columna vertebral, para que se mantenga sana. Y luego de ahí salió otro que se llama rocket yoga, una técnica que hace que ardas, como cuete, literal. Genera mucha endorfina, mucho bienestar en el cuerpo, y viene de la misma secuencia que el ashtanga, es decir, son series de posturas establecidas, una antes que la otra, siempre. Y finalmente me especialicé en otra técnica, dharma yoga, que es un yoga que se enfoca mucho en el bienestar de la mente y el cuerpo. Es el método que estoy dando ahora. Se enfoca en mantener el espíritu vivo a través de la práctica de posturas y algunas técnicas de respiración. Lo que tiene diferente a otros métodos es que es relativamente nuevo, el que lo inventó todavía vive. 

A nivel comunidad, ¿cuáles crees que son los beneficios colectivos de que se estén llevando a cabo este tipo de prácticas? 

Justamente hacer comunidad, esa palabra es clave. Cuando se hace una comunidad de yoguis, eso incluso beneficia más al lugar que al individuo. La gente empieza a ir tan constantemente que ve a otras personas con las que practican quizás no como una familia, pero sí más que una amistad. Eso hace que la gente esté continuamente yendo a practicar, porque no va solo por yoga sino que va a estar con sus nuevos amigos, que están enfocados en hábitos saludables, y después buscan ir a tomarse un smoothie, jugo, algo sano, o hacer una convivencia en el parque, y empiezan a tener más consciencia del entorno en el que viven. Son más respetuosos de la comunidad en la que viven, con el ambiente, y justo empiezan a abrir los ojos a lo que realmente están viendo. 

Hoy en Dublán 46, cuando les pedí a mis alumnos que miraran hacia arriba, me dijeron, “wow, ver a los árboles me cambia totalmente el día”. Siempre estamos viendo hacia abajo, al piso, a la basura en el piso, y haciendo ruido. Lo que tiene Dublán 46 es que aísla muy bien el ruido, y donde practicamos hay mucha área verde, entonces dicen cambia el día de uno sólo con venir y estar presente en el lugar. Eso hace que la gente constantemente busque un bienestar, se hace una comunidad sólida y el lugar se vuelve parte de eso.

¿Qué me puedes platicar acerca de tu experiencia en la colonia Tacubaya y cómo se conecta el proyecto con la zona?

La colonia Tacubaya se me hace una urbe muy diversa. Hay ciertas partes que están muy bien conectadas con el resto de la ciudad, entonces están llenas de personas que van y vienen. Sin embargo, caminando hacia el proyecto sobre la calle Manuel Dublán, se va relajando, y el caos no se siente, sobre todo dentro del edificio. Es como un oasis — llegas y está muy fresco, limpio, no se oye el ruido, se desintoxica la mente. Creo que Reurbano conservó lo mejor del edificio, pero lo ha reestructurado para que encaje con el tipo de colonia que es la Tacubaya actualmente. 

Ernesto está dando clases de yoga en el inmueble de Manuel Dublán 46 todos los martes y jueves a las 10:30 de la mañana.