Renacimiento de las ciudades: São Paulo

Crédito: Joao Tzanno

Algo que tienen en común casi todas las grandes ciudades en Latinoamérica es la concentración de oportunidades y servicios de calidad en ciertas colonias, lo cual excluye a las crecientes comunidades que habitan las periferias. Un estudio publicado por el World Resources Institute, por ejemplo, muestra que aproximadamente la mitad de los residentes de la Ciudad de México tienen acceso limitado a trabajos y servicios debido a la zona en la que viven y sus limitadas opciones de transporte. Sin duda, cualquier crisis imprevista — como una pandemia — se ve exacerbada por los sistemas de desigualdad existentes. ¿Cómo podemos esperar resiliencia de las comunidades que ya viven en situaciones de precariedad? 

Casi ningún rincón del mundo se salvó de verse afectado por la crisis sanitaria del COVID-19, pero los efectos negativos se sintieron más fuerte en unos lugares que en otros. Como todo, los motivos son complejos — factores culturales, económicos, de infraestructura, de liderazgo político y más influyeron en la gravedad de la situación en cada lugar — pero, como siempre en este newsletter, nosotros queremos enfocarnos en uno sólo: el urbanismo. 

Se ha comprobado que las mejores ciudades son aquellas en donde sus habitantes pueden encontrar todo lo que necesitan en sus vidas cotidianas en 15 minutos a la redonda, entonces, ¿por qué Latinoamérica no está enfocando sus esfuerzos en lograrlo? São Paulo, una de las ciudades más grandes de Brasil, con 12.3 millones de habitantes, ha permitido que la desigualdad crezca. La crisis de vivienda fue evidenciada y empeorada por el coronavirus — desde la primavera del 2020, 4,000 familias han sido desalojadas de sus viviendas, y 34,000 enfrentan la amenaza del desalojo. El desempleo ha subido al mismo tiempo que los precios de las rentas, y este año el gobierno del presidente Jair Bolsonaro recortó drásticamente el apoyo económico que brindaba el gobierno a los pobres. 

Crédito: Gabriel Ramos

Entendemos a la ciudad como un ente vivo y mutable, que no sólo refleja los valores y modos de vida de sus habitantes, sino que, en gran medida, los determina. En ocasiones pasadas, hemos analizado las respuestas de ciertas ciudades a la pandemia: París, Barcelona y Ámsterdam, tres ciudades europeas que decidieron ver la crisis como una oportunidad para echar un paso atrás y analizar, entre la calma, qué aspectos de la ciudad podrían mejorar tanto cuando regresaran a la normalidad como frente a cualquier futura pandemia. Tomaron medidas como implementar nuevas restricciones al turismo rampante, invertir en ciclovías y espacios públicos o mejorar las condiciones de quienes viven lejos de las colonias privilegiadas, para que ya no tengan que pasar tanto tiempo en traslados largos y congestionados. 

En cambio, São Paulo no sólo no ha aprovechado la pandemia para determinar vulnerabilidades en la ciudad y solucionarlas, sino que ha enfocado su energía en apresurar la reapertura de comercios y espacios de entretenimiento. Parecería que la economía de la ciudad es más importante que la salud y calidad de vida de las personas. Sin embargo, en Latinoamérica debemos recordar que aún no es demasiado tarde para exigir que nuestros gobiernos tomen mejores decisiones — podemos voltear a ver ejemplos de buen urbanismo y encontrar maneras de aplicarlo en nuestros propios contextos.