Practicar la arquitectura en tus 20s

Rodrigo Saavedra es el fundador de Saavedra Arquitectos, un taller de arquitectura que comenzó en 2015 y se ha dedicado principalmente al desarrollo de viviendas particulares en Valle de Bravo. También ha realizado trabajos de oficinas y consultorios médicos en la Ciudad de México y Aguascalientes. Buscamos a Rodrigo para preguntarle cómo fue su proceso para arrancar el despacho hace ya seis años y cómo se ve el futuro de la arquitectura desde la perspectiva de los jóvenes que aún están haciéndose un espacio dentro de un mercado muy competido. 

Crédito: Onnis Luque

¿Qué papel crees que juega la arquitectura dentro de la sociedad actual que es tan compleja y parece enajenada del arte?

Yo creo que la arquitectura sigue teniendo la misma función que ha tenido siempre: moldear las ciudades a la par de la sociedad. La ciudad va evolucionando y la arquitectura la va acompañando en el proceso. Hay momentos en que la arquitectura tiene un poco más de peso en ese desarrollo y otros en las que es más un juez, un mediador de la ciudad que es a su vez un reflejo de la sociedad. 

¿Consideras que las normas y códigos técnicos, que cambian año con año, de alguna manera limitan o dirigen la arquitectura contemporánea?

Sí, sin duda. No como algo negativo, pero sí es real. Desde un reglamento de condominios hasta uno constructivo quitan libertad.

¿Y por qué no lo consideras negativo?

Porque más bien la libertad en la arquitectura es lo negativo: queda a merced del desarrollo inmobiliario. Cuando marcas una ética, delimitas la parte creativa, pero también estás acotando la parte capitalista descarnada. Por ejemplo, normalmente te regulan cierta altura, espacio, materiales y eso genera una calidad mínima. Si los arquitectos pudieran hacer lo que quisieran pues sí, unos cuantos harían proyectos increíbles pero el resto podría hacer cosas inmorales. 

Ahora, el hecho de que en la Ciudad de México se necesiten muchos planos para construir [para obtener los permisos], hace que los arquitectos en México estén mejor pagados que en otros lugares. Así que de alguna manera al arquitecto le convienen esas reglas y restricciones porque lo vuelve un poco más indispensable.

¿Cuál crees que es la mayor preocupación (o reto a resolver) de la arquitectura y de los arquitectos actualmente?

Sigue siendo la vivienda social. Hay mucha más gente de la que alcanza a tener vivienda o que la arquitectura pueda satisfacer. Desde que a principios del siglo XX empezaron a dedicarse los grandes arquitectos a la vivienda social no ha habido muchos más esfuerzos, los ha habido independientes, pero no un movimiento colectivo. El Movimiento Moderno inició con una inquietud social de hacer este tipo de vivienda basada en la repetición y la estandarización que dio lugar inicialmente a proyectos increíbles como Tlatelolco y más tarde se pervirtió para convertirse en casas Geo. Claro que eso también tiene que ver con un gobierno que cede la vivienda social a particulares que lo único que buscan es maximizar su utilidad. Así es como terminas con proyectos a 20 km de la ciudad construidos con paneles de bajo costo. O sea, ese interés intelectual por la vivienda social se transformó en un interés comercial. 

Lo importante es que la arquitectura social se quede en manos de arquitectos capaces y no de un modelo de negocios. La vivienda social siempre ha estado en la mente de los arquitectos top, porque lo más padre que puedes hacer es resolver un problema en 50 m2.

Y considerando que es una carrera muy cotizada con montones de graduados cada año ¿hay espacio en la construcción de este futuro para la juventud? 

Sí, sí creo que hay espacio para todos. Es una carrera que es mal pagada, pero solicitada. Hay muchas oportunidades para vivir de eso. 

Crédito: Onnis Luque

¿Cómo se puede romper con la paradoja de “nadie te contrata porque no tienes portafolio y no tienes portafolio porque nadie te contrata”?

Se tiene que pagar el diseño. En el momento en que se pague el diseño los arquitectos caros se vuelven carísimos y eso abre huecos para los jóvenes. A partir de eso pueden empezar a generar experiencia y el mercado se vuelve más competitivo. Pero si el diseño no se paga, si se ve como un lujo, algo excesivo o que sobra, entonces no tienen oportunidad de entrar en esa primera etapa. 

¿El diseño no se paga?

No, se paga muy poco o no se paga. Si tú contratas a un arquitecto esperas que te construya algo, pero no que te lo diseñe. O sea, el diseño va incluido automáticamente con la construcción, cuando en realidad se trata de cosas totalmente separadas. Se debe a que la gente no sabe o no hay mucho dinero, entonces piensan que si se ahorran el diseño alcanza un poco más para la obra. Entonces los arquitectos jóvenes no tienen para donde hacerse: te enfrentas a gente que no te quiere pagar para lo que estás entrenado y entonces tienes que arreglártelas para aventarte a construir sin mucha idea. Porque a construir se aprende construyendo, no hay de otra. 

Aparte de estas, ¿qué otras dificultades has encontrado en el proceso de arrancar tu propio taller de arquitectura? 

Pues la confianza y encontrar trabajo constantemente, es muy inestable. También hay un tema creativo. La arquitectura está, como muchas cosas, insertada en una moda y la tienes que seguir de alguna forma. No eres creativamente libre porque tienes que apegarte a ciertas pautas cuando estás empezando. Tienes que entenderlo y apegarte a ello, no puedes pensar que vas a revolucionar el mundo de la arquitectura en tu primer proyecto porque es imposible. 

¿Qué están haciendo los arquitectos de tu generación para resolver todo esto e iniciar sus proyectos personales? 

Pues de entrada trabajar para otros despachos que te permiten agarrar experiencia. Después buscar a las desarrolladoras inmobiliarias que son quienes generan suficiente dinero para tener estabilidad y poder continuar con otros proyectos. Las necesitamos, como son negocios pagan los proyectos y te permiten un espacio para trabajar. Cuando tratas directo con las personas es más complicado desde que se involucra lo emotivo y los prejuicios personales.