Huertos Urbanos: Entrevista a Lily Foster, Fénix Farms

Crédito: fenixfarms.mx

Combatir el cambio climático requiere, principalmente, de acciones contundentes de parte de los gobiernos del mundo, los cuales deben imponer regulaciones sobre las grandes empresas que generan el 70% de las emisiones globales de CO2. A la par de esta medida necesaria, los ciudadanos del mundo también debemos tomar acción, implementando cambios en nuestros estilos de vida que respondan a la necesidad de reducir nuestra huella ecológica personal. 

Los huertos urbanos, por ejemplo, se han popularizado en años recientes por sus muchas virtudes. Además de combatir el cambio climático de múltiples maneras, ayudan a mejorar nuestra salud, nuestra relación con los ciclos de la naturaleza y a crear conexiones entre los distintos miembros de una comunidad, quienes pueden cuidar del huerto y disfrutar sus cosechas de manera colectiva. Lily Foster, una especialista en sistemas alimentarios basada en la Ciudad de México, se ha dedicado a fomentar los huertos urbanos tanto en la ciudad como en otros países de América. 

Platicamos con ella acerca de su experiencia trabajando en esto: 

¿Cómo comenzaste a interesarte por el tema de los huertos urbanos?

Empecé a interesarme por la agricultura urbana como economista, primeramente. Soy teorista de sistemas especializada en alimentos, y cuando vi la escala de destrucción de impacto que tiene el sistema actual, llegué a la conclusión de que tenemos que construir otro sistema alimentario. No hay forma de arreglar ni intervenir en el sistema actual, hay que generar otro. 

Soy de California, y crecí con todo el movimiento orgánico allá desde los 80s. Había vivido este esquema más redondo de agricultura orgánica, comunidades y ecoaldeas, y como adulta profesionista, viendo los patrones de asentamientos urbanos, llegué a la conclusión de que había que hacer agricultura en las ciudades. En 2006 me gradué de la Universidad de California y gané una beca para hacer un prototipo en la CDMX, y después empecé a trabajar proyectos en donde estamos cultivando en azoteas o en lotes con muchos sectores vulnerables. Hay muchos espacios que, aunque no van a producir para toda la ciudad, pueden producir para quienes estén viviendo en ese espacio. No se producen todas las calorías necesarias, pero sí todas las vitaminas, que es el tema que estamos tratando en la agricultura urbana. 

¿Cómo podemos tratar la crisis alimentaria a través de sembrar huertos que tienen densidad nutricional? Eso es importante, cuántas vitaminas y nutrición podemos cultivar en un espacio limitado. Se estima que necesitamos 10 metros para alimentar a una familia de 4. Esos metros sí existen en la ciudad, hay que encontrarlos, ser creativos con cómo se libera el espacio público, cómo se generan proyectos inmobiliarios que cuentan con esos espacios. Yo llegué a la agricultura y me quedé, regresé a estudiar agroecología y no a mi carrera de economista y teorista de sistemas, aunque creo que hago mucha teoría de sistemas en mi trabajo actual. 

Platícame acerca de tu empresa. ¿Bajo qué misión operan, y cuáles son sus metas a corto y largo plazo?

Fénix Farms Agricultura Regenerativa somos un despacho que diseñamos soluciones agrícolas para individuos, grupos, gobiernos y empresas contra el cambio climático a través de la agricultura regenerativa. Pensamos en cómo podemos cultivar en los espacios que tenemos disponibles, generar un alimento con autosuficiencia y resiliencia, que es lo que busca la agricultura regenerativa. Su gran cambio de paradigma que propone y genera, es, en vez de ver qué vamos a cultivar a partir de qué quiere el mercado, que es como está estructurado todo hoy, vemos dónde está el terreno, cuál es su contexto climático, su suelo, los patrones de las plantas nativas de este lugar, y a partir de la realidad climática y geográfica y del suelo y cultural, nos preguntamos, ¿qué producimos? 

En vez de ver qué quiere el mercado, que es abstracto, cambiante y volátil, vemos el contexto local y a partir de eso llegamos a la producción. Y esto también genera un hábitat para insectos y animales, es todo el sistema, no nada más cómo podemos producir para alimentarnos. Son sistemas muy complejos pero no complicados. En la ciudad está el proyecto de Chihuahua 139, en la Roma, en donde Fénix Farms tiene nuestro centro demostrativo en la azotea, el cual hizo posible Reurbano. Por supuesto es maravilloso tener muchas hectáreas, pero estos son sistemas que sí podemos lograr a escala pequeña.

Imagen de Chihuahua 139

¿Cuáles son los beneficios que los huertos urbanos le dan a las personas, y cuáles le dan a la ciudad o medio ambiente en general?

En cuanto a nosotros como consumidores, la crisis alimentaria que vivimos hoy en día no es de calorías — puedes conseguir mil calorías en la esquina por 10 pesos. El tema es una crisis nutricional, porque las personas no están consumiendo vitaminas. México es uno de los países con mayor incidencia de diabetes y sobrepeso, tenemos sobrepeso y, al mismo tiempo, una deficiencia de nutrientes. Entonces uno de los beneficios de la agricultura urbana es el acceso a un alimento de verdad y no una cosa hiper-procesada que tu cuerpo no puede digerir. 

El segundo es la conectividad que genera la agricultura. Cultivar es un proceso educativo de conexión en el cual entendemos al mundo y a nuestro ser de otra forma. Son temas muy profundos y filosóficos pero también muy prácticos y cercanos. Por otro lado, nos permite entender la vida en comunidad o colectividad. Parte de cómo está estructurada la agricultura urbana es que son sistemas de agricultura social. Muchos agricultores urbanos se dedican a otra cosa y tienen su huerto en un sistema colaborativo en el cual comparten responsabilidades con vecinos. Esos sistemas en la ciudad que son compartidos generan otros vínculos y conexiones, ya que una de las grandes ironías de las grandes ciudades hoy es que estamos rodeados, pero solemos sentirnos solos y sin pertenecer. 

Por último, el macro-beneficio para la ecología es que una de las bases de la agricultura urbana está en la composta a partir de los desechos orgánicos. Casi 50% de la basura que produce la ciudad viene de hogares, y 45% de eso es basura orgánica. Estamos hablando de toneladas de basura que se podría transformar en suelo — en composta. Y eso se puede sembrar y generar alimento. Y la suma de todas estas parcelas sí tendría un efecto de cambiar el microclima de un lugar. La agricultura urbana interviene en el ciclo del calor que se genera del cemento, cambia esta situación, filtra el aire, produce oxígeno y combate el cambio climático. 

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta alguien que quisiera crear un huerto urbano?

El primer reto es dónde conseguir los insumos básicos: espacio y materiales. Creo que las personas empiezan a ver que si tienes una azotea o un patio, con acceso a agua y mínimo 3-4 horas de luz solar directa, puedes generar un huerto privado. Y si no lo tienes en casa, puedes buscar espacios públicos. Luego, dónde conseguir la tierra y la semilla. En Fénix Farms comercializamos semilla, y también se puede buscar en los mercados de la ciudad, tanto orgánicos como tradicionales. Y el sustrato se consigue a partir de la composta, que es fundamental saber producirla. 

Otro reto es que, cuando siembras un huerto en una isla de concreto, lo primero que pasa es que llegan todos los insectos y pájaros a ver qué onda. Entonces las personas deben entenderlo, y conocer las técnicas para optimizar y establecer el huerto, donde hay plantas específicamente sembradas para que los insectos coman eso en lugar de tu cosecha. Cuando las personas no saben esto, se desaniman. Yo recomiendo que cuando comiencen un proyecto de huerto urbano, se haga con amigos o vecinos, en comunidad, porque son los proyectos que tienen más éxito, cuando se puede ver como algo compartido tanto en responsabilidades como en beneficios. Es como cualquier habilidad que uno puede comenzar, se va aprendiendo y mejorando en el camino.

Imagen de Chihuahua 139

¿Qué países han implementado exitosamente los sistemas de huertos urbanos? ¿Crees que se pueda hacer a gran escala en la Ciudad de México?

Nosotros trabajamos en todo el país, principalmente en las zonas periurbanas alrededor de la CDMX — Valle de Bravo, Tepoztlán y Malinalco, pero también en distintos estados más lejanos dentro del país, y en Chile y Argentina, brevemente, desde San Pedro Atacama hasta la Patagonia. Además, yo he trabajado algunos proyectos en California, y me ha hecho entender sobre los distintos sistemas en cada contexto. Por muy diferentes que son culturalmente, están viendo los mismos retos de recursos — de agua y de la degradación del suelo — y también todas están teniendo una respuesta creativa hacia eso. Lo que se necesita es acceso a información y a insumos básicos, además de tener más huertos visibles en el espacio público también puede generar interés. Hay gente que no sabe qué quiere cultivar, pero si los expones a la experiencia, creo que es un instinto básico del ser humano. La agricultura urbana es un movimiento de millones de personas ahora, que están cultivando en espacios reducidos.