Entrevista con Francisco Pardo, Arquitecto

Quizás porque vive y trabaja en la Ciudad de México — una de las metrópolis más pobladas y complejas del mundo — el arquitecto Francisco Pardo entiende a los edificios no como objetos que se viven hacia adentro, sino como enclaves que impactan profundamente las maneras en las que los ciudadanos viven el territorio urbano. Por esto, su arquitectura busca contribuir a la reactivación de las calles de la ciudad, mediante estrategias que invitan a las personas a habitar los espacios a todas horas. Junto con Reurbano, Francisco Pardo ha estado a cargo de la remodelación de distintos inmuebles, trazando nuevos usos en sus interiores y generando nuevas dinámicas sociales en las calles, cuadras y colonias en las que se encuentran. 

Platicamos con el arquitecto sobre los retos y aciertos que han representado proyectos pasados, y sobre el nuevo proyecto que presenta en la colonia Escandón. 

A pesar del valor patrimonial y de ubicación que tienen las colonias céntricas de la Ciudad de México, en tiempos recientes muchas han perdido su uso residencial. ¿Cuál fue tu primer acercamiento a la Juárez, y por qué te pareció importante participar en su reactivación? 

Es importante mencionar que la colonia Juárez ha tenido varias transformaciones en los últimos cien años, pero sobre todo en el 85, tras el sismo. Sufrió muchos daños y perdió su calidad de zona residencial de diferentes niveles socioeconómicos. La gente que vivía ahí se fue a diferentes sitios, y en ese momento quedó abandonada la parte de vivienda — la mayoría quedó como oficinas, uso comercial — por ejemplo, todo el comercio de autopartes —, o terrenos baldíos que posiblemente fueron edificios que se cayeron en el 85 y quedaron como estacionamientos públicos. 

Entonces hace 15 o 20 años, la colonia Juárez era una zona que a las 6, 7 de la tarde se moría, porque era solo zona de trabajo. No había restaurantes, no existían tiendas como las que hay hoy. También hay que mencionar que la colonia Juárez está entre dos zonas de impacto importantes, una es Reforma — un eje financiero al que se le metió dinero y se desarrolló a finales de los 90, principios de los 00s. Y la otra es la colonia Roma, que es un centro cultural importante. En ese centro cultural, estaba en medio la colonia Juárez, que quedó como un hueco entre estas dos energías. 

En un momento, se acerca Reurbano con nosotros y nos enseña esta propiedad que es Havre 69, y la vemos como arquitectura que puede, por una pequeña acción, cambiar ciertos movimientos. Ya había otras cosas despertando en la zona, sobre todo en vivienda. Nosotros hicimos uno que se llamaba antes Lisboa 7 — de los primeros desarrollos nuevos que se hacían en la zona. 

¿Cuál era el objetivo principal con los proyectos de Havre 69 y Havre 77 en la colonia Juárez?

Nuestra idea al aproximarnos primero al proyecto de Havre 69 era que las ciudades deberían estar activas 24 horas. Para eso, el uso mixto tiene que estar involucrado, y por eso propusimos comercio en la parte baja, vivienda en la parte posterior — una vivienda mucho más compacta que la que había antes, sin cambiar la estructura del edificio, que era una estructura de principios del siglo XX. Era un edificio patrimonial, estaba catalogado, entonces para nosotros era muy importante mantenerlo, pero sí cambiarle el ADN, la idea de “solo edificio de vivienda, contra el de al lado, solo de oficinas, etcétera”. Este era un edificio que podía compartir varios usos. Un año posterior empezamos el proyecto de Havre 77, que es un edificio de uso mixto que funciona en conjunto con Havre 69, y ahí más o menos se entiende la dinámica. Esto fue hace prácticamente 10 años, y ha cambiado muchísimo esa cuadra y el efecto se ha repetido en varios otros proyectos — de Reurbano, de otros arquitectos, de nosotros y demás. 

El edificio sobre Sindicalismo en la colonia Escandón también será una remodelación de un inmueble que tiene cierto valor arquitectónico para la ciudad, aunque de un estilo muy distinto a los Havres. ¿Cuál ha sido la experiencia de trabajar en esta colonia? 

La colonia Escandón no sufrió los problemas de la colonia Juárez tras el sismo del 85, fue un barrio más estable durante finales del siglo XX. Como se encuentra entre unas zonas que ya estaban desarrolladas — Roma, Condesa, algunas partes de la del Valle, y demás — entonces se consolidó muy bien como un barrio residencial en los años 60s, 70s. Entonces, el edificio que estamos trabajando con Reurbano, sobre la calle de Sindicalismo, es un proyecto que es parecido a esta postura de Havre 69, pero en un barrio que no es tan viejo como la Juárez, con unas circunstancias muy diferentes — nunca se despobló ni sufrió tantos daños en el sismo.

¿Qué es lo que destacas del proyecto sobre Sindicalismo?

Sin duda, el aprendizaje de activar la calle mediante comercio en la planta baja se volvió a aplicar, y en este caso, el uso de las azoteas se volvió importante. Se eliminaron los cuartos de servicio que existían ahí, porque ya no reflejan los modos de vida contemporáneos — eran demasiado pequeños, y totalmente deshumanizantes. Se agregaron dos nuevos departamentos en la azotea, y el resto de la propuesta fue restaurar la calidad del edificio, ya que la arquitectura tiene mucho valor. Para concluir, es un proyecto que — basándonos en Havre 69 como un ideal de ciudad en donde pudieras tener un edificio de vivienda pero con comercio abajo — además se plantea eliminar los cuartos de servicio obsoletos para agregar más espacio residencial. La vinculación con la ciudad se hace a través de los locales comerciales. 

En términos de ciudad, en los proyectos siempre buscamos — tanto Reurbano como nosotros — que estén en zonas donde los servicios sean la ciudad misma, donde puedas caminar a todo lo que necesitas. Por eso es importante mencionar que no estamos apoyando el uso de cajones de estacionamiento, sino más bien una vida mucho más urbana, más caminable, cerca de transporte público y cerca de servicios básicos.