El Centro Histórico: Testigo de la independencia

Además de ser una atracción turística, el Zócalo de la Ciudad de México suele ser escenario de numerosos eventos para los habitantes de la capital del país — conciertos, ferias, protestas y, año con año, el Grito de Independencia, que se lleva a cabo la noche del 15 de septiembre. Este 2020 fue la excepción. A raíz de la pandemia global que aún afecta a México, los festejos usuales de la independencia fueron modificados, y el Zócalo se mantuvo vacío, una imagen histórica que sólo podemos esperar no se repita en los años por venir. 

En Reurbano, nos apasiona la ciudad, desde sus fluctuaciones cotidianas hasta su evolución con el paso de las décadas y los siglos. Creemos que es importante entenderla como un ente mutable, que debe adaptarse constantemente a las costumbres y necesidades contemporáneas. Sin embargo, la preservación del patrimonio construido de una ciudad es igualmente importante; los edificios antiguos son muestra de su cultura, que crean un sentido de pertenencia en los habitantes de una ciudad y funcionan como evidencia tangible de su historia para cualquiera que la visite.

Crédito: Hugo Tovar

Espacios como el Zócalo o los edificios patrimoniales que se encuentran en el Centro Histórico han sido testigos de las transformaciones que ha tenido la Ciudad de México. En septiembre, hace 210 años, México logró su independencia, comenzando un nuevo capítulo en su historia que, como en cualquier otra ciudad alrededor del mundo, se puede analizar a través de la arquitectura que se produjo. 

Ya que en México no se dio una revolución industrial como en Inglaterra, la arquitectura en México siguió mostrando fuertes influencias europeas a lo largo del siglo XIX. Por ello, en el Centro Histórico de la CDMX abundan edificios de estilo neoclásico y barroco, construidos con materiales locales como la piedra caliza.

Crédito: Bhargava Marripati

Un ejemplo es el icónico Palacio de Minería, diseñado y construido entre 1797 y 1813 por el escultor y arquitecto valenciano Manuel Tolsá, a quien también se le atribuye la proyección del Museo Nacional de San Carlos, otro emblemático edificio de la Ciudad de México. Hacia finales del siglo, en 1891, se inauguró el primer Palacio de Hierro, cuyo diseño ofrece un vistazo a lo que sería la arquitectura industrial. Unos años después se terminó la construcción de lo que ahora es el Gran Hotel de la Ciudad de México, el primer edificio Art Nouveau en el país. Vale la pena detenerse en todos estos espacios la siguiente vez que te encuentres caminando por las calles del Centro Histórico, e imaginar por un momento todo de lo que han sido testigos.

Hacer Ciudad – Entrevista con MMX acerca de Liverpool 9

Fundado en el 2010 en la Ciudad de México, Estudio MMX es un despacho de arquitectura cuyo trabajo es el resultado de procesos colaborativos que van desde el diseño de instalaciones hasta la arquitectura y el urbanismo.

Crédito: Rafael Gamo

Junto con Reurbano, Estudio MMX ha dirigido la restauración de un inmueble catalogado como patrimonio cultural sobre la calle Liverpool en la colonia Juárez. Del edificio destacan las ornamentaciones clásicas de estilo Art Decó que se observan en la fachada, pero quizás lo más interesante del proyecto es el lugar que ocupará dentro del tejido urbano de uno de los barrios más vibrantes de la Ciudad de México. Platicamos con MMX acerca del proyecto: 

A grandes rasgos, ¿cómo describirían la colonia Juárez, y su relación con el resto de la CDMX? 

MMX: La Juárez, al igual que muchas de las colonias cercanas a Reforma y al centro, está muy integrada a la ciudad y ha pasado por distintos periodos y condiciones. En este momento hay mucha oportunidad en el sentido del potencial que tiene la colonia. Ha mejorado mucho en los últimos años, pero aún se encuentra en desarrollo. Creemos que es una colonia clave del sector centro de la ciudad, por su condición de ser un área que conecta la zona centro con otros barrios al poniente, y en esa conexión urbana está su mayor potencial. 

Al aproximarse a este proyecto, ¿qué fue lo que consideraron importante de tomar en cuenta en cuanto al estilo de vida actual y futuro de quienes viven en la zona? 

MMX: El proyecto se trata de un edificio patrimonial, entonces de entrada no había lugar para decisiones que llegaran a imponer algo nuevo sobre la colonia. Es un proyecto pequeño, con sólo 10 unidades residenciales y 6 lotes comerciales en la planta baja, y un tema importante fue apostar por una ciudad menos vehicular, vinculada al peatón, para responder a quienes buscan residencias en zonas bien conectadas donde no tienen que hacerse de un coche porque tienen acceso al transporte público y a todo tipo de servicios. Este estilo de vida no es ajeno a la Juárez, entonces la recuperación de este inmueble no sólo se trata de rescatar un edificio, sino también de preservar e intensificar las dinámicas urbanas de la zona. 

¿Qué beneficios ofrecen los comercios en las plantas bajas de este tipo de edificios?

Establecer el vínculo más estrecho posible del primer nivel de un edificio con la ciudad es fundamental en intervenciones de este tipo, ya sea en edificios existentes o nuevos, que también hemos trabajado en la zona. La acción principal en estos casos es lograr que el edificio se vincule a la calle y, así, a la colonia y a los espacios públicos y comerciales que ofrece — parques, cafés, galerías, bibliotecas… Este edificio además tiene un vestíbulo espectacular, entonces se agrega una gradación más en este paso de lo público a lo privado para sus residentes.

A nivel formal, ¿qué intervenciones se realizaron al inmueble?

La verdad es que el trabajo y las acciones fueron muy sencillas, estuvieron concentradas en la recuperación tal cual, casi que de mantenimiento para conservación del edificio. No cambiamos acabados en ningún punto de la fachada, y muy poco en los interiores. Cada departamento conserva molduras y características de la época, y eso es importante porque la experiencia de habitar en este edificio debería ser con conciencia de que tiene tanta historia. El trabajo fue lograr una restauración del deterioro conservando el carácter del paso del tiempo sobre el inmueble. No queríamos que se viera como un edificio nuevo. 

¿Cuál es el valor de conservar este tipo de inmueble, en lugar de demolerlo y hacer algo totalmente nuevo?

La virtud está en darle su relevancia y exaltar el valor que tiene la historia de los propios edificios; mantener vigente un pedazo de esa historia es importante para una ciudad. Y sí hay algunas intervenciones, que aunque son contemporáneas son muy respetuosas y sutiles, casi imperceptibles.

Hacer Ciudad – Entrevista con Juan Carral sobre Casa Emilio Dondé

Crédito Víctor Ebergenyi para Arquine

     

A pesar de que el arquitecto Juan Carral tiene más de diez años viviendo en Cancún, Quintana Roo, donde fundó y dirige su despacho JC Arquitectura, realizó gran parte de sus estudios en la Ciudad de México, y se mantiene enamorado de las dinámicas urbanas que aloja.

La histórica avenida Bucareli se encuentra en el barrio de La Ciudadela, tocando con la colonia Juárez y a unas cuadras de la Alameda Central. Monumentos como el Reloj Chino y edificios patrimoniales como el Gaona adornan la calle, que ha sido testigo de la historia de la Ciudad de México desde la época porfiriana. Actualmente, se encuentra en un proceso de reactivación urbana, que busca rehabilitar la zona para convertirla nuevamente en un lugar atractivo para residentes y peatones.

Junto con Reurbano, Juan Carral ha remodelado la Casa Emilio Dondé 7, un inmueble ubicado a una cuadra del icónico Reloj Chino. El edificio patrimonial fue construido alrededor de 1860 y consta de tres patios, que tomarán nueva vida al ser rodeados de unidades residenciales contemporáneas y algunos lotes comerciales en su planta baja.

El proyecto, diseñado inicialmente en conjunto con Juan Soler y Alan Orozco, juega un rol importante en la reactivación de la zona, debido a su intención de establecer un diálogo entre el inmueble, la calle sobre la cual se ubica, y la colonia.

     

Platicamos con el arquitecto Juan Carral acerca de Casa Emilio Dondé 7.

Viviendo fuera de la Ciudad de México, ¿cómo describes el proceso de trabajar con un inmueble patrimonial, en una zona céntrica de la metrópolis? 

He trabajado con Eduardo Cadaval [arquitecto de Cadaval & Solà Morales], quien me recomendó inicialmente a Reurbano porque hemos trabajado juntos en Cancún. Aunque estoy lejos de toda esta vida urbana e histórica de la ciudad, siempre la aprecié viviendo allá, y la extraño. En Cancún tenemos otras cosas, otros paisajes y valores con los cuales trabajar, pero después de haber hecho tantos proyectos acá, fue una delicia poder regresar a trabajar con la historia.

Este tipo de remodelaciones son retos complejos, un esfuerzo enorme y más grande que si haces algo de cero. Además de pensar en términos de diseño arquitectónico, hay otros factores en juego, sobre todo cuando el edificio es patrimonial y debes trabajar en conjunto distintas autoridades como el INAH o SEDUVI. Es importante respetar lo que hay al mismo tiempo que intentas generar nuevas dinámicas a partir del espacio dentro y fuera del inmueble.

 

¿En qué maneras crees que este proyecto responde a las necesidades urbanas de esta zona de la ciudad?

Veo varias cosas. Cuando trabajaba con Javier Sánchez en México, en el ‘98, ‘00, por ahí, había un distinto uso de suelo, una normatividad distinta en cuanto al uso de coches, una concepción distinta de los centro urbanos como lugares inseguros. Lo que ha pasado en los últimos 10-15 años en la ciudad es increíble, y Reurbano lo ha potencializado enormemente.

Si bien generaciones pasadas se fueron del centro hacia los suburbios, ahora está claro que la gente regresa al centro por los valores que tiene, históricos, urbanos, de infraestructura y de servicios, muchas cosas. Entonces el trabajo de Reurbano cumple una función esencial porque implementan un plan no sólo con un inmueble sino con una calle, cuadra, y barrio completo, creando un tejido de proyectos que buscan generar dinámicas parecidas con usos mixtos que los mantengan activos todo el día.

Un edificio aislado está bien, pero cuando sumas 3 o 4 o 5, y te puedes ir caminando de uno a otro, y en uno vives pero en la planta baja del otro hay negocios, y te puedes ir a visitar a tu vecino que vive ahí también, eso genera comunidad y eso es hacer ciudad. Tiene un valor enorme.

 

¿Qué enseñanzas te deja haber trabajado en este proyecto? 

Que hay que trabajar por rescatar lo que tenemos, porque los centro históricos no se pueden hacer, existen y sólo se pueden cuidar y activar. Yo creo que la mejor vivienda es la más flexible, en donde todo el tiempo está pasando algo en los edificios. Y en cuanto a los inmuebles patrimoniales, son valiosos porque ya no construimos como lo hicieron hace cientos de años, y encontrar una manera de poder habitarlos de manera contemporánea es importante para tener presente la historia de la ciudad.

Está claro que tenemos que buscar crear ciudades mixtas sin miedo, y Reurbano me deja que hay que dialogar con autoridades, y cambiar las normas para hacer esta idea de la ciudad mixta, que tiene que ver con densidad y uso de suelo. Los últimos 30 años hicimos ciudades dispersas, con usos de suelos muy separados. Entre más entendemos a los edificios y a la gente, más segura va a ser la banqueta, más demanda va a tener la zona, y se vuelve más divertido habitar la ciudad. Sin importar la zona, un edificio mixto invita a que se use a todas horas, y que se genere una comunidad a su alrededor.

Y finalmente, trabajar con el patrimonio construido es algo a lo cual te debes aproximar con respeto. Realmente creo que la intervención en Casa Emilio Dondé 7 es muy educada; casi no se ve. En este caso casi no se siente, es demasiado sutil. Lo importante es la vivienda y cómo funciona. De abajo es robusto, y de arriba es mucho más esbelto, ligero. En general, una estructura bien resuelta, para mí ya es bella.

Conéctate con la Ciudad, Corriéndola

Crédito Nati Harnik/Associated Press

     

Fuera de los obvios estragos que ha producido la pandemia del 2020 en la salud pública y la economía de pequeños y medianos negocios, es innegable que ha traído también otras pérdidas, quizás menos drásticas, pero que pueden afectarnos de una manera aguda y personal. Para miles de atletas alrededor del mundo, por ejemplo, la cancelación de los juegos olímpicos este año representó un golpe duro a sus carreras profesionales y ambiciones.

Pero no sólo los atletas de alto rendimiento sufrieron las consecuencias del necesario distanciamiento social que estamos practicando. Normalmente, en cualquier día de la semana, las calles y parques de ciudades alrededor del mundo son utilizadas por corredores de todo nivel, quienes entrenan simplemente para despejar sus mentes, o incluso para cumplir una meta específica — lograr terminar su maratón local.

     

Crédito Bosque de Chapultepec

     

Es cierto que la cancelación del Maratón de la CDMX no puede considerarse como un hecho inesperado. México, como otros países alrededor del mundo, aún lucha por mitigar sus niveles de contagio del COVID-19, y los eventos masivos se han detenido por un tiempo aún indefinido. Tampoco podemos considerar la cancelación del maratón como una tragedia, sobre todo en comparación con las enormes pérdidas, tangibles e intangibles, que se están viendo a raíz de la pandemia. Sin embargo, para quienes nos dedicamos a pensar en la ciudad — en su mutabilidad, diversidad, y todo lo que puede ofrecer a quienes la habitan — es una lástima tener que prescindir de un día en donde miles de ciudadanos salen a apropiarse de sus calles, cada uno por un motivo profundamente personal, pero persiguiendo en conjunto una misma meta.

La utilización cotidiana del espacio público para correr es una actividad accesible para casi cualquiera, saludable y eco-friendly. Además, crea una conexión entre el ciudadano y su barrio. Si bien al correr entramos en un trance agradable, seguimos pisando sobre el suelo que compone un tejido urbano y pasando al lado de personas que comparten este espacio con nosotros. Correr al aire libre significa adoptar un rol activo en la vida de la ciudad, y beneficia tanto al individuo como a su comunidad.

     

Crédito Tyrone Dukes/The New York Times

     

El maratón de Nueva York en 1975 fue el primero en utilizar calles y parques públicos como escenario de una carrera completa. La energía positiva que esto generó en corredores y espectadores se convirtió en un ejemplo a seguir para otras grandes ciudades alrededor del mundo. Además de generar ingresos para la ciudad, un maratón es un momento emocionante; una celebración de la vida en comunidad y del espacio público. Sólo queda esperar que el siguiente año podamos activar así las calles de la CDMX y, por ahora, amarrar nuestras agujetas y retomar nuestras calles al salir a correr bajo sus árboles. Eso sí, aún con cubrebocas.

La segunda vida de Doctor Erazo 176

Preservar el patrimonio construido de una ciudad es más que un esfuerzo estético; los edificios antiguos cuentan relatos e informan a los ciudadanos sobre un pasado del cual no fueron testigos. Para quienes rechacen este romanticismo cultural, existe otra motivo para evitar demoler los edificios antiguos de nuestras ciudades: La humanidad está peligrosamente cerca de agotar los recursos de la Tierra, y debemos comenzar a cuestionar nuestra predilección por lo nuevo. El término ‘reciclaje’ normalmente se emplea para hablar de plásticos de uso único, u hojas de papel, o cajas de cartón, pero llegó el momento de aplicarlo a las construcciones en desuso. 

Hace algunos años, una fábrica de textiles y encajes en la colonia Doctores de la Ciudad de México cerró, después de casi cien años de operación. El inmueble — tres pisos rodeando un patio central, grandes ventanales con herrería en cuadrícula, su fachada un distintivo color verde — es tan enorme como su potencial. El primer nuevo inquilino fue Buna, una empresa cafetera mexicana que colocó su tostadora dentro de la ex-fábrica. Después, algunos estudios de diseño y arquitectura vieron en el edificio la posibilidad de crear una comunidad, y comenzó a tomar forma La Laguna, un conjunto de oficinas, talleres, y espacios abiertos al público que busca reactivar la zona. 

PRODUCTORA, un despacho de arquitectura fundado en la Ciudad de México, ha establecido dentro del inmueble su oficina y el espacio expositivo LIGA-df, una plataforma que promueve la arquitectura contemporánea latinoamericana. El despacho de diseño La Metropolitana también se unió a La Laguna, donde ahora tienen sus oficinas, showroom, y taller de carpintería. Anfora Studio, la división de diseño de la marca de porcelana Anfora, abrió un taller de cerámica dentro del edificio, donde se diseñan y construyen prototipos que después podrán pasar a producirse en serie.

“Hay un punto sentimental importante que es que La Laguna fue una fábrica de oficios (hilos), y muchos de los que trabajaron ahí fueron y siguen siendo vecinos,” dice Irazoque. “Estamos tocando sus puertas, hemos organizado reuniones con la comunidad para conocerlos y entender qué tipo de actividades sociales podrían ser más útiles, ya sean talleres de bordado, talleres de nutrición para mamás, o funciones de cine.” La idea es que un proyecto como La Laguna no sea impositivo para su comunidad inmediata, sino que aprenda de los vecinos para poder integrarse a la zona y mejorar la calidad de vida de los vecinos.

Pero quizá la parte más interesante de lo que sucede en el espacio son los proyectos de vinculación social. “El año pasado entró Gastromotiva,” cuenta Irina Irazoque, coordinadora de vinculación de La Laguna, “un proyecto orientado a acercar a la cocina a personas de escasos recursos.” Tras cuatro meses de clases gratuitas de gastronomía en el sitio, los jóvenes pasan a hacer prácticas profesionales en distintos restaurantes de la ciudad. “La intención es ayudar a gente sin acceso a escuelas sofisticadas, pero con pasión por la gastronomía,” dice Irazoque, quien está también desarrollando junto con su equipo un mapa de actores relevantes de la colonia Doctores con quienes pueden crear vínculos. 

La Lonja MX + Atelier 192

La lonja mx y la reconocida revista de moda a nivel internacional 192 crean sinergía y presentan una colaboración especial, que busca reconocer de manera íntima el inmenso talento del diseño mexicano contemporáneo; a su vez la revista presentará el lanzamiento del segundo ejemplar impreso del año con la temática: insolencia. El evento estará conformado por un espacio expositivo en el que se exhibirá en exclusiva una muestra del valioso material fotográfico que conforma la revista. Posteriormente el público podrá visitar el showroom del Edificio Dondé de Reurbano, muestras de diseñadores mexicanos, con la destacada curaduría de Danaé Salazar y Fabiola Zamora.

Fecha

20 | 21 | 22 SEPT

Categorías

MODA | JOYERÍA

Gastronomía

EXPENDIO | CONTRAMAR

Venue: Edificio Dondé
10 AM – 8 PM

Bucareli 80, Colonia Centro, Juárez,
06040 Ciudad de México, CDMX 

Acción Colectiva con Reurbano

Los problemas que enfrentan las ciudades son colectivos. Ineficiencias del transporte público, contaminación, falta de acceso a servicios y viviendas dignas son cuestiones que afectan a la población, sin embargo, es innegable que los más perjudicados suelen ser los sectores sociales más vulnerables. El caso de las pandemias no es la excepción.

Que no quepa duda: La resiliencia de la Ciudad de México ante esta pandemia dependerá de la acción colectiva. Es urgente que, como ciudadanos, pensemos no sólo en nuestra propia salud sino en la de nuestra comunidad, y tomemos las medidas recomendadas. Con actos sencillos y conscientes, podemos cuidar de y apoyar a los sectores más vulnerables de nuestras comunidades.

Todos los años, el mes de mayo se inaugura con el día del trabajo, una ocasión que conmemora la lucha internacional por condiciones laborales justas. Y aunque actualmente muchos nos encontramos navegando un nuevo paradigma de trabajo desde casa, Reurbano se conforma por un equipo diverso, incluyendo los obreros que hacen realidad nuestros proyectos. Mientras la crisis de salud pública que atravesamos tenga detenido al sector de construcción, mantendremos un firme compromiso de brindar apoyo a nuestro equipo. Hasta el día de hoy, hemos logrado donar 68 despensas para 34 familias, un esfuerzo colectivo que sigue en pie. 

 ¡No dudes en contactarnos si te interesa sumarte a esta causa! info@reurbano.mx

La Galería Karen Huber ha hecho su hogar en la Juárez

Crédito: Enrique Ortiz

La colonia Juárez tiene una larga historia, y en años recientes se ha transformado en una de las zonas más interesantes de la Ciudad de México. Distintos restaurantes, bares, cafés, comercios y proyectos culturales han encontrado un hogar ideal en los edificios patrimoniales de la Juárez, creando en conjunto una red que activa el barrio. 

Entre las propuestas que han surgido recientemente en la zona destaca la Galería Karen Huber, ubicada sobre la histórica avenida Bucareli. Tras haber pasado algunos años presentando exposiciones pop-up alrededor de la ciudad, la curadora decidió abrir un espacio permanente. Platicamos con ella acerca de las intenciones detrás de su galería, el proceso que ha vivido integrándose a la Juárez y cómo ella y su equipo han modificado su trabajo a partir de la pandemia que estamos atravesando. 

¿Cómo nació el proyecto Galería Karen Huber?

El proyecto nació hace casi 6 años tras haber estado involucrada anteriormente en diferentes iniciativas de arte. Viví un tiempo en Nueva York y ahí estuve trabajando en Art in General, una plataforma sin fines de lucro que promociona proyectos de artistas. Cuando regresé a México tenía la idea de hacer curaduría, y de ahí surgió White Spider, mi proyecto de exposiciones temáticas en sitios específicos. Hice desde la gestión de encontrar la locación hasta determinar la temática de la exposición y los artistas que la integrarían. Fueron más de 20 proyectos en más de 20 lugares, nunca repetí una locación. Y después de tres años, supe que este proyecto tendría que mutar de alguna manera a algo más sólido, y así comencé la galería. Ahora son 11 artistas que represento, y creo que junto con ellos me he enfocado en hablar a través de su obra sobre la época contemporánea que nos tocó vivir.

¿Qué tipo de propuestas artísticas buscas promover? ¿Por qué?

La línea que une a los artistas con quienes trabajamos en la galería es muy clara; nos dedicamos a trabajar y a promover la pintura contemporánea. Somos la única galería en México que se dedica exclusivamente a esto. Y en este sentido es interesante porque la pintura ya ha llegado a ser un campo más expansivo, ya no se trata nada más de los pinceles y técnicas tradicionales. De manera general, busco entender qué está pasando con los artistas, lograr que sus intereses congenien con los intereses de la galería. Buscamos ser un abanico de propuestas que giran en torno a la pintura.

¿Por qué optaste por ubicarte en la Juárez? ¿Cómo consideras que la galería establece un diálogo con la zona?

Me interesaba que fuera una zona céntrica, no tan aislada. Casi todos los proyectos que hice en White Spider se ubicaron en zonas donde ya hay una escena artística, en la Condesa, Roma, San Miguel Chapultepec, en el Centro… Lo que me gustó de este local fue que la fachada no te dice absolutamente nada, y en cuanto subes las escaleras y entras, ves este espacio de exhibición. Me gusta ese elemento sorpresa. Desde que llegamos empezamos a dialogar no solo con este espacio sino con la zona, es un lugar donde ya estaban naciendo muchos proyectos interesantes, restaurantes y tiendas y más. La Juárez tiene esta esencia de calles anchas, edificios porfirianos, estar comunicada con Reforma y otras colonias. Me interesa el tema de que una persona pueda llegar a una zona y caminar, comer, ir de compras, al teatro, a una galería. Que se vuelva una zona donde la persona puede estar deambulando, hacer todo un día en el barrio, porque es la manera en la que te topas con distintos proyectos inesperados. Al final todos los proyectos que veo aquí también son frescos y tienen sentido con la época actual.

¿De qué maneras consideras que el arte puede volverse una herramienta de cohesión social, y cómo lo aplicas en la comunidad de tu galería?

No todos los artistas tienen esa misión de cohesión, pero están hablando de la sociedad; del tiempo que nos tocó vivir. Y hay muchos artistas que incluso hacen estas colaboraciones con gente de oficio. Hacer un neon, por ejemplo, es llegar y tener una plática con un neonero del barrio. O en el mismo barrio proyectar lo que el artista quiere decir y que la gente pueda venir y entenderlo, captarlo y hacerlo suyo. Y hay esta empatía, al hablar de temas que son actuales y de intereses que son del artista, inevitablemente hay momentos en donde el espectador va a tener esa similitud o reconocimiento de lo que está viendo. Eso me parece la parte más fuerte de la cuestión social, reconocerte frente al arte como lo haces a través de un espejo.

Durante la pandemia que vivimos, ¿cuál ha sido tu experiencia como galerista? 

Como todos, estamos pasando por un momento en donde la incapacidad de planear nos limita. Tuvimos que cancelar dos exposiciones por ahora, y tenemos una en julio que seguramente tendrá que ser distinta a lo que planeamos en un inicio. Por lo menos este año cambiará la manera de habitar el espacio, ahora las inauguraciones tendrán que ser más pequeñas, por ejemplo. Las galerías vamos a tener que modificar nuestra relación con las multitudes, reducirlas, contarlas, controlarlas un poquito. Pero lo que sí ha sido una cosa de abrir los ojos es que estamos desarrollando estrategias digitales, uniéndonos a plataformas digitales para potencializar el trabajo de los artistas y lograr ventas. Estamos haciendo entrevistas con los artistas para que se conozca más su proceso a través de redes sociales. Otro proyecto que me emociona es que estamos armando una memorabilia de esta época. Me parece importante retratar lo que estamos pasando a través de la obra artística. Al final del año esperamos poder hacer una pequeña exhibición de este momento.

Crédito: Galería Karen Huber
Crédito: Galería Karen Huber

El edificio más emblemático de SoHo, NYC

Es difícil de creer ahora, pero el vibrante — y costoso — vecindario de SoHo en la parte baja de Manhattan, Nueva York, fue hace no mucho tiempo una de las áreas menos cotizadas de la ciudad. A finales de los sesentas, SoHo (cuyo nombre, por su ubicación geográfica, es la abreviación de la frase “South of Houston Street”), era un área de alto crimen y poca ocupación residencial, debido a que sus imponentes edificios de fachadas de hierro forjado habían pasado de ser ocupados por grandes empresas comerciales a mediados del siglo XIX, a ser utilizados como maquiladoras. No fue hasta que distintos artistas, entre ellos Andy Warhol y Jean-Michel Basquiat, tomaron un interés por la zona debido a su multitud de amplios lofts con grandes ventanales — perfectos para usarse como estudios y baratos comparados al resto de la ciudad — que comenzó su transformación al barrio exclusivo que es ahora. 

En noviembre de 1968, el artista minimalista Donald Judd compró un edificio completo dentro del distrito de SoHo. Con cinco niveles y dos sótanos, 101 Spring Street le costó un total de 68,000 dólares a Judd, quien comenzó un nuevo capítulo en la historia del inmueble al restaurarlo para funcionar tanto como su estudio de arte como la casa que habitaría con su esposa y dos hijos. 

“Pensé que el edificio debía ser reparado, pero mantenerse básicamente intacto,” cuenta Judd en un ensayo que escribió acerca del edificio. “Estaba bastante seguro de que cada piso había sido de concepto abierto, ya que no había señales de muros originales, lo cual determinó que cada piso debería tener un sólo propósito: dormir, comer, trabajar.” 

Así fue como la fábrica de la calle Spring se convirtió en un ejercicio a gran escala dentro de la carrera minimalista de Donald Judd. Sus muros albergan un piso equipado simplemente con una cocina y gran comedor; otro con arte suyo y de sus colegas, y un espacio de meditación; otro con una pequeña biblioteca y su estudio de arte y, finalmente, el piso superior contiene su habitación: un pequeño baño y closet, un colchón montado sobre una base de madera casi al ras del piso y un sillón vintage. Contado así, el espacio suena tan básico como la guarura de un monje, pero cabe mencionar que si bien el edificio completo está repleto de arte contemporáneo digno de ser envidiado por cualquier museo, la habitación principal presume las piezas más impresionantes, entre ellas una instalación de luces rojas y azules de Dan Flavin que corre por todo el ventanal. 

El inmueble es fascinante no sólo por lo que alberga, sino por ser una parte clave de la transformación urbana del Lower East Side de Manhattan. El rumbo que ha tomado SoHo se puede analizar y cuestionar desde distintas perspectivas urbanas, y el caso de 101 Spring Street tiene un valor especial por su capacidad de ofrecer un vistazo a la intención inicial de la zona. Hoy en día, la fundación Judd se ha encargado de mantener intacto el edificio, ofreciendo visitas guiadas a quienes reserven un tour con anticipación

Impulsar la bicicleta durante la pandemia

Frente a la pandemia del COVID-19, cientos de ciudades alrededor del mundo se han enfrentado a la necesidad de replantear sus modelos de transporte público. Bajo circunstancias normales, los sistemas de metro y autobuses son buenas alternativas al coche, ya que permiten transportar a grandes números de personas a menor costo e impacto ambiental, generando menos tráfico que los automóviles. Sin embargo, las medidas de sana distancia que se han tenido que adoptar vuelven inseguros a estos medios de transporte público masivo. Aunque, por ahora, moverse en coche es más seguro que el metro o metrobús, para quienes no tienen que hacer trayectos muy largos, la bicicleta sigue siendo la mejor opción. 

En Berlín, las autoridades han expandido temporalmente los carriles para bicicletas utilizando cinta y señalamientos, creando así más espacio para que los ciclistas mantengan la distancia recomendada en sus trayectos. Jürgen Resch, el presidente de la DUH, una ONG alemana a favor del medio ambiente, argumentó que “especialmente ahora, es importante que la gente pueda moverse en bicicletas, ya que ayudará a controlar la pandemia, promover el ejercicio y mejorar la calidad del aire.” 

crédito Alejandra Crail

Alrededor del mundo, muchas organizaciones dedicadas a promover el uso de la bicicleta como medio de transporte han encontrado una oportunidad en la pandemia para impulsar su misión. Francia recientemente anunció que estudia medidas para que la bicicleta se promueva como el principal medio de transporte cuando termine la etapa de confinamiento. La contaminación del aire se ha reducido en muchas ciudades a partir de la imposición de la cuarentena. “Ha tenido que ocurrir esta situación que nadie deseaba para comprobar esta realidad,” dijo José Luis Miralles, profesor de Urbanismo de la Universidad Politécnica de Valencia.

En la Ciudad de México, el epicentro de la pandemia en nuestro país, se incrementaron 48 kilómetros de ciclovías temporales en la zona norte-sur y oriente debido a la crisis sanitaria. Aún así, aún se requiere tomar medidas para garantizar la seguridad de los ciclistas, y comenzar a pensar estratégicamente sobre cómo puede aprovecharse este momento para impulsar el uso de la bicicleta en el futuro. 

Paris — crédito BBC

La ciudad de Copenhague, en Dinamarca, ha sido un ejemplo a seguir durante años en cuanto a la prioridad que se les ha otorgado a los ciclistas en la vía pública. A pesar de la mayor escala que se presenta en la Ciudad de México, hay mucho que podríamos aprender de Copenhague, sobre todo en los barrios céntricos de la ciudad donde los usos residenciales, comerciales y de oficina se mezclan. 

La pandemia actual que atravesamos ha cambiado drásticamente la manera en la que interactuamos con la ciudad, y sería un error no aprovechar este momento para re-pensar temas urgentes de movilidad y uso de espacios públicos. Con el pico de contagios aumentando día con día, aún no podemos vislumbrar un fin a la crisis, por lo cual no es ilógico pensar que las medidas que se sugieran ahora podrán ser útiles durante muchos meses más, y las vías ciclistas que se implementen deberían pensarse como más que temporales. 

Copenhagen — crédito COBE