El teatro en pandemia

No es novedad que el teatro luche para sobrevivir, en especial en México y la crisis sanitaria, que ha sido un golpe más al que el gremio ha tenido que adaptarse para resistir. Tras once meses de cierres, reaperturas, capacidades limitadas, el pasado 5 de marzo los teatros reabrieron sus puertas nuevamente, eso sí, con un aforo de 30% que, si no salva el negocio, al menos eleva los ánimos para seguir adelante.

Pero algo bueno puede salir de esto, ¿o no? Es difícil tener una perspectiva positiva cuando cientos de actores están sin trabajo, muchos han tenido que regresar a vivir con sus padres y otros tantos están buscando trabajos en medios desconocidos, algunos que ni siquiera se relacionan con la interpretación. 

En Reurbano, como promotores del desarrollo artístico independiente en nuestro país, quisimos conocer más de cerca cómo se ha vivido esta época de incertidumbre e incesantes cambios, así que platicamos por separado con dos personalidades del medio. Sus experiencias, aunque únicas como las de cada uno de los directores, actores, productores, vestuaristas, iluminadores y dramaturgos del medio, arrojan luz sobre los sentimientos de un grupo que se distingue por su enorme pasión y trabajo duro, por sus ganas de perseverar en una actividad agotadora y poco redituable económicamente, pero en la que las satisfacciones superan con creces los sacrificios.

Crédito: teatrometropolitan.mx

Los jugadores

María Penella, aunque recientemente conocida como la Sra. Marina en la novela Te acuerdas de mí, inició su camino actoral en el teatro a los 13 años como protagonista en El diario de Ana Frank y continuó su prolífica carrera en múltiples obras de la talla de Anita la huerfanita, Pequeña voz, Sasha y Spot, Casi normales y El hombre de la mancha. Las dos últimas la hicieron acreedora al premio Metro a la Mejor Actuación Femenina de Reparto en un musical. Tras años de estar en dos, tres, incluso cuatro obras a la vez, María hoy ha hecho una pausa para investigar su proceso creativo y replanteárselo todo: ¿qué es lo que realmente le gusta de la actuación? ¿Qué ama del teatro y qué no? Pues a pesar del cariño que le profesa no puede ignorar que el teatro tiene un modo de explotar, es precario y estresante, pues lo usual es malabarear varios proyectos, correr de un ensayo a otro y si uno se acuerda, comer un sándwich en el Seven de pasadita.   

Artus Chávez es un actor, director, escritor y productor reconocido por los espectáculos de su compañía La Piara dónde mezcla las estructuras clásicas del teatro con el bufón y el clown. Artus es uno de los muchos todólogos que circulan en el medio y de los afortunados que ha gozado de un gran éxito comercial a lo largo de su carrera en el teatro independiente con La obra que sale mal, El feo, Le Journal, Cabaret mortal, Guerra de clown y Príncipe y Príncipe, entre otras. Tras varios años de mucho éxito y trabajo – en el 2019 tuvo cuatro obras en cartelera, todas ellas premiadas – el COVID trajo primero que nada un bajón anímico y más tarde, preocupación laboral.

Experiencias de streaming / pandemia

En cuanto cerraron los teatros en marzo del año pasado, los teatreros empezaron a idear nuevas maneras de mantenerse cerca de su audiencia y de seguir explorando las posibilidades del escenario. Así que, para junio, establecimientos como el Foro Shakespeare abrieron sus puertas para funciones que serían transmitidas virtualmente, algunas en vivo (el famoso streaming) y otras grabadas. También surgieron concursos de dramaturgia para obras diseñadas específicamente para Zoom, como “Tercera llamada” en la que María Penella fue una niña que se conecta accidentalmente a una llamada de la oficina de su madre. Sobre la experiencia, María la definió como algo sin precedentes, pues el equipo lo conformaban únicamente ella y la directora y tuvo que relacionarse de cerca con aspectos del teatro que desconoce como la escenografía, la dirección de cámaras, la iluminación y el maquillaje además de sus labores de actriz. Memorizar el texto para luego hablar sola ante la computadora le pareció una aventura extraña y gratificante. 

Fue después de esta experiencia que la actriz se aventuró a dar un par de talleres de herramientas actorales, centrados en profundizar el proceso artístico personal independientemente de la pandemia y en habilitar el espacio personal como un lugar de performance. Este taller, también transmitido de manera digital, le mostró la potencia comunicativa de los medios digitales.

Por su lado, Artus probó todas las modalidades: streaming en vivo, sesiones con público restringido en el Teatro de la Ciudad y funciones híbridas en el Shakespeare dónde hubo público y también se grabaron para transmisión virtual: “de todo se aprende, pero sí existe un estrés nuevo por el tema tecnológico dónde las cosas pueden salir mal.” La obra que sale mal fue grabada con público presente porque, al tratarse de clown, es imposible hacer dar la función solamente para las cámaras. “Para la comedia necesitas las risas y las respuestas del público porque son ellos quienes marcan el ritmo con los actores.”

Crédito: Foro Shakespeare

“El teatro no se graba”

Desde hace tiempo, quizás desde que iniciaron los rodajes cinematográficos, apareció en el inconsciente teatral una idea bastante fija de que el teatro grabado no es teatro, pues al perderse la presencialidad se pierde también el convivio que sucede entre el montaje y el público durante la representación. 

Pero al preguntarles a María y Artus sobre este punto en particular, ambos coinciden en que las nuevas modalidades de streaming son una experiencia distinta y nueva, que, si no es teatro tal cual, es una muy buena aproximación en la que pueden suceder cosas hermosas. La actriz además piensa que la pandemia añade una capa de tensión que empuja al límite lo que sucede sobre el escenario, sea grabado o en vivo. En las obras con aforo limitado, la audiencia está consiente en todo momento de que portan cubrebocas, de la distancia que los separa y no alcanzan a relajarse. Los actores corren un riesgo adicional. Los grandes aplausos y los abrazos, parte del ritual, brillan por su ausencia. “Para quienes argumentan que el teatro grabado no es teatro, para mí el teatro con cubrebocas también está incompleto.” Artus considera que la mayor falta de las transmisiones virtuales es que el intercambio de energía no se construye con la misma intensidad: “sucede la comunicación, pero falta la magia.”

Nuevos recursos teatrales

Pero, de estos nuevos experimentos teatrales, ¿cuáles serán simples locuras que nos recordarán una época tan extraña como difícil y cuáles se integrarán como nuevas herramientas para la representación teatral?

Artus considera positivo que a los siempre puristas teatreros se les haya obligado a abrir los ojos a nuevas posibilidades. Gracias a esto, se llevaron algunas obras – entre ellas La obra que sale mal – a ciudades y pueblos al interior de la República dónde difícilmente hubiera viajado por la complejidad de la escenografía y la cantidad de actores. Sobre lo mismo, María comentó la maravilla que fue disfrutar puestas en escena de Londres, Buenos Aires y Nueva York, destacando que esto aporta a un mayor intercambio cultural y a la consolidación de una comunidad internacional. 

María también comentó que el teatro por streaming los obligó a pensar en formas interesantes y creativas de usar las cámaras para contar mejor la historia y no solamente como un recurso de transmisión. “Aunque en México seguimos en pañales en cuanto a grabación, he visto un avance abismal de que inició la pandemia a hoy, y seguirá mejorando.”

¿Qué sigue?

Sin importar los proyectos que hayan tenido durante la pandemia, es cierto que para el teatro en general la pandemia ha representado una pausa. Una pausa que, con todo lo malo, representa también tiempo para uno, para repensar los motivos que llevan a cada uno al escenario, como señaló María Penella con mucho tino. 

Para ella esta pausa la condujo a un nuevo camino, de ahí que podamos verla de lunes a viernes por el canal de las Estrellas. La actriz también encontró una novedosa pasión por la docencia y se está planteando complementar sus conocimientos escénicos con estudios psicológicos para ayudar a jóvenes actores a adueñarse de su libertad creativa.

Artus también admitió que por primera vez está haciendo algo a lo que se había negado antes: cursa una maestría para escribir, producir y dirigir televisión. Y está feliz con su decisión porque ha encontrado nuevos retos, aunque sabe que regresará al escenario: “si ya lograste un lugar en la comunidad del teatro y con su público, no lo saboteas.”

Independiente de la pandemia, Artus considera la situación general del teatro en México y de sus colegas preocupante a largo plazo: “El teatro sobrevive con cinco pesos, casi nunca es negocio. La obra que sale mal sí, pero lo independiente apenas sale y es una pena porque tiene calidad, se hace con amor y con ganas de ofrecerle al público algo inteligente que aporte a la sociedad. Estamos descobijados por el gobierno y aparte tenemos que luchar contra décadas de una cultura donde la fama vale demasiado. La gente está tan ocupada en sobrevivir que prefiere consumir cosas que los saquen de su realidad.” 

María por su parte opina: “La autogestión hace que los proyectos en México tengan un corazón bien grande y que la apuesta e investigación de ciertos temas sea super profunda”. Falta tiempo y dinero, pero tiene sabor, el candor de los mexicanos que le dan vida.