El Resurgimiento de Reforma

Créditos: Axel Alvarado

Según el distinguido economista Edward Gleaser, las ciudades son “el invento más grandioso de la humanidad” — escenarios ideales para impulsar la superación individual y colectiva de nuestra especie. Debido a que son una creación del ser humano, las ciudades son también nuestro reflejo, capaces de contar nuestra historia y reflejar los valores actuales que nos rigen. Es por esto que una ciudad no es un ente inmutable sino un organismo vivo y en constante evolución, y aunque siempre habrá quienes adoptan una postura conservadora ante el cambio, esto no sólo es inevitable, sino síntoma de una sociedad saludable.

En la Ciudad de México, la Glorieta de Colón es un monumento al conquistador ubicado sobre Paseo de la Reforma, una de las avenidas más importantes de la metrópolis. La estatua, diseñada por el francés Charles Cordier, llegó a México como un regalo a Maximiliano de Habsburgo de parte de su suegro, el rey Leopoldo I de Bélgica. Con aproximadamente 15 metros de altura, el monumento muestra a Cristóbal Colón con una mano en alto señalando al horizonte, y con la otra “levantando un velo que descubre al mundo”. 

Durante mucho tiempo, la historia que se contaba en México sobre la colonización de nuestro territorio era una historia positiva sobre el progreso, que tendía a pasar por alto la violencia etnocida que representó. Sin embargo, desde hace décadas hay quienes cuestionan esta narrativa; la llegada a América de Cristóbal Colón, argumentan, no es algo que debe celebrarse. El 12 de octubre de 1992, con motivo del quinto centenario del “descubrimiento de América”, se llevaron a cabo una serie de protestas en distintas ciudades mexicanas. Con la ayuda de sogas y un camión, los manifestantes intentaron derribar la estatua, pero fueron detenidos por la policía capitalina. En manifestaciones posteriores, el monumento fue resguardado para evitar su derribo, pero se marcó un antecedente.

Créditos: Axel Alvarado

Casi 20 años después, los movimientos poscoloniales y antirracistas sólo se han fortalecido. Cada vez se unen más voces a las luchas por la justicia social y, como siempre, los espacios públicos de las ciudades son donde se han hecho escuchar, ya sea en marchas, ocupaciones o mediante la intervención a ciertos monumentos. En Estados Unidos, distintas estatuas representando la Confederación se han eliminado forzosamente por algunos ciudadanos, o por decisión de las autoridades. En Barranquilla, Colombia, una estatua de Cristóbal Colón fue derribada en junio de este año. En el 2019, el Ángel de la Independencia en la Ciudad de México fue grafiteado por mujeres feministas tras una protesta. 

Este año, también en la Ciudad de México, la Glorieta Colón ha sido cuestionada. La pregunta es, ¿queremos glorificar nuestro pasado colonial? Si la respuesta de un gran sector de la población es “no”, entonces la mejor manera de proceder es escuchando a los ciudadanos. Los monumentos de una ciudad comunican los valores y creencias de sus ciudadanos, y ha llegado el momento de dar lugar a aquellos que han sido marginados. Por ahora, la antigua Glorieta Colón ha sido bautizada por mujeres feministas como la Glorieta de las Mujeres que Luchan. Colocaron en el lugar de la estatua al conquistador europeo una figura de una mujer, conmemorando a todas aquellas mujeres mexicanas que han sido víctimas de abusos y que buscan incansablemente la justicia. 

Sea cual sea el destino final de la glorieta, lo cierto es que debemos celebrar el diálogo, pues la ciudad nos pertenece a todas las personas que la habitamos.