El funcionalismo en el mundo y en México

Menos es más; la forma sigue a la función; la arquitectura comienza donde termina la ingeniería; una casa es una máquina para vivir — cualquier estudiante de arquitectura se familiariza con estos aforismos de la profesión apenas comienza la carrera. Cada uno, a su manera, comunica una idea que hoy en día suena sencilla, pero que, a principios del siglo pasado, revolucionó la forma en la que se diseñaban los edificios que habitamos y, por lo tanto, el estilo de vida de la sociedad. 

A finales de la Primera Guerra Mundial, el “funcionalismo” surgió como un movimiento arquitectónico dentro de la ola del modernismo. Asegurando que todo edificio debería diseñarse con base únicamente en la función y el propósito que tendría, el funcionalismo rechazaba cualquier indulgencia del pasado, incluyendo las fachadas ornamentadas o los espacios poco aprovechados. Las devastadoras consecuencias de la guerra tuvieron un impacto profundo sobre los escritores, artistas, filósofos y demás creativos de la época; si antes existía una tendencia por exaltar y celebrar la belleza de la frivolidad, después del conflicto las prioridades de muchos cambiaron. 

Crédito: revistacodigo.com

¿Es la arquitectura capaz de crear un mundo más justo para todos? Si la respuesta es sí, entonces se puede concluir que esa capacidad es también su responsabilidad más imperante. Los funcionalistas del siglo XX estaban convencidos de que este era el caso. (Por eso, junto con su disgusto por la ornamentación, el movimiento tiende a ser relacionado con ideologías como el socialismo o el humanismo moderno.) El funcionalismo tuvo mayor presencia en Europa, sobre todo en Checoslovaquia (gracias al arquitecto Adolf Loos), Dinamarca, Finlandia y Polonia. Sin embargo, el movimiento también llegó a algunos rincones de Latinoamérica. 

En la Ciudad de México, destacan los arquitectos Mario Pani y Juan O’Gorman como promotores del funcionalismo en distintas escalas. Con más de 130 proyectos realizados — entre ellos el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco, el Multifamiliar Miguel Alemán y el Conservatorio Nacional de Música — Mario Pani transformó radicalmente el urbanismo de la ciudad, introduciendo el concepto de los conjuntos residenciales de interés social que albergaron a miles de familias, evitando desplazarlas hacia la periferia. 

Crédito: Adrián Alva

Por su parte, Juan O’Gorman practicó el funcionalismo en la Ciudad de México a través de proyectos tan destacados como la Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo y la Biblioteca Central de la Ciudad Universitaria de la UNAM, dos proyectos que en sus aspectos formales demuestran un interés por colocar la funcionalidad del espacio ante cualquier otro elemento. 

Como suele ser el caso, otros arquitectos tomaron inspiración de las obras de Pani y O’Gorman, por lo cual en la Ciudad de México se encuentran incontables edificios, tanto  destacables como anónimos, que pueden catalogarse como funcionalistas.