El Caso Urbano de Portland

Crédito: Sean Benesh

El diseño urbano en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial dejaba mucho que desear. La fuerte inclinación americana hacia el individualismo los llevó a separar las áreas residenciales y los centros de las ciudades, de manera que quienes vivían en suburbios crearon una dependencia total a sus automóviles. Hoy en día se sabe que esta estrategia crea más problemas de los que resuelve: tráfico, delincuencia en los centros y un sentido de aislamiento y falta de comunidad en la sociedad. 

Como respuesta a esto, en la década de los ochentas surgió un movimiento llamado “New Urbanism” que buscaba promover nuevas maneras de planear las ciudades como lugares vibrantes, caminables y respetuosos con el medio ambiente. Este nuevo urbanismo tuvo una fuerte influencia en la planeación urbana de Portland durante la década de los noventas, y es en parte gracias a eso que la ciudad se considera uno de los mejores lugares para vivir en EU hoy. 

Al esforzarse por crear buenas redes de transporte público y calles que dan prioridad a peatones y ciclistas, es posible vivir cómodamente en Portland sin coche. Quizás debido a que los residentes de Portland están en contacto constante con otros ciudadanos que también usan la calle y el transporte público en su día a día, la ciudad tiene una gran cultura de comercio local, algo que ayuda no sólo a la economía de la ciudad sino que crea un sentido de comunidad y evita que las personas se sientan socialmente aisladas. Por otro lado, Portland tiene una gran variedad de parques y espacios al aire libre — en el 2016, fue rankeada la mejor ciudad para amantes de la naturaleza. 

Crédito: gmcapital.com.mx

En conjunto, estos aspectos de la ciudad la han posicionado como un ejemplo a seguir para otros lugares, sin embargo, Portland aún enfrenta retos. En cuanto a diversidad, Portland no tiene las mejores estadísticas. La población de la ciudad es 77.7% blanca, y solamente el 5.7% de sus habitantes son afroamericanos. En un país como Estados Unidos — cuya población es altamente diversa y, en años recientes, el tema de la justicia racial ha tomado protagonismo — es necesario que los gobiernos tomen acción para asegurar que cada sector de la población tenga acceso a oportunidades laborales y vivienda digna. En los últimos 10 años, el vecindario de Albina en Portland pasó de tener 38,000 residentes afroamericanos a 28,000, debido a la gentrificación que elevó los precios y empujó a 10,000 personas hacia la periferia. 

La iniciativa Right 2 Root — o “Derecho a Echar Raíces”, en español — surgió hace algunos años para crear vínculos entre arquitectos, urbanistas y personas afectadas por la gentrificación y desplazamiento. Sus propuestas van más allá de cuestiones de vivienda; buscan una aproximación holística a la situación en Albina, que incluye espacios y estructuras públicas enfocados hacia el bienestar de los sectores más vulnerables de la comunidad. 

Así, el caso urbano de Portland demuestra que la tarea de hacer ciudad nunca termina, y que es necesario siempre cuestionar para quiénes funciona y a quiénes estamos dejando de lado.