Cuatro años después del 19S

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Para bien y para mal, todos los días en la Ciudad de México tienen algo de especial y surreal, pero quienes vivíamos aquí en el 2017 siempre recordaremos el 19 de septiembre. Parece mentira, como algo sacado de un cuento, que poco tiempo después del simulacro que conmemoró el aniversario del sismo del 85, la tierra comenzó a sacudirse de nuevo. 

Los efectos fueron devastadores: edificios reducidos en cuestión de minutos a montones de escombros, millones de personas intentando localizar a sus seres queridos, cientos de vidas perdidas y todas las demás pausadas. Fue un momento que evidenció lo vulnerable que es nuestra ciudad, pero también, en los días, semanas y meses que siguieron, lo resiliente que es la ciudadanía. 

Abundan las historias de solidaridad tras el sismo del 19S: la pequeña ferretería independiente en la Condesa que ofreció donar todo su material útil a los esfuerzos de rescate, los vecinos de edificios colapsados que abrieron sus puertas a voluntarios para descansar, bañarse o tomar agua, los ingenieros, arquitectos y diseñadores que se movilizaron para atender a los más afectados, los ciudadanos que pasaron días recogiendo escombros o preparando alimentos para los equipos de emergencia… 

Esto, debemos siempre recordarlo, es lo que verdaderamente hace bella a nuestra ciudad — los museos y monumentos, las grandes avenidas como Reforma y las pequeñas calles empedradas de Coyoacán, el Bosque de Chapultepec, el Zócalo, Ciudad Universitaria, los mercados y tianguis, las bibliotecas, los parques, los restaurantes y fondas y puestos en la calle, ninguno se compara a la generosidad que mostró la población de la Ciudad de México cuando más se necesitaba. 

A cuatro años del sismo que devastó a nuestra ciudad un 19 de septiembre, recordamos los momentos en los que demostramos que juntos somos más fuertes y que la Ciudad de México seguirá de pie gracias a todos los que la queremos.