Con precaución, aún se puede disfrutar de la ciudad

Aunque las diversas vacunas aprobadas indican un fin próximo a la pandemia que atravesamos desde marzo del año pasado, aún no ha llegado el momento de bajar la guardia por completo. Sin duda, todos hemos experimentado alguna forma de “fatiga de pandemia”, un concepto que se refiere al sentimiento de desgaste que provocan las restricciones y precauciones recomendadas que ha ocasionado la pandemia, resultando en aburrimiento, depresión y otros malestares. Pero estos no son los únicos peligros de la fatiga de pandemia; los expertos aseguran que ocasiona que las personas abandonen la precaución y, por lo tanto, es responsable de un aumento de casos.

Si te sientes identificado, te entendemos. Todos extrañamos movernos libremente por la ciudad y explorar sus calles y lugares. Por suerte, a estas alturas ya se conoce más acerca del virus y cuáles actividades son seguras de realizar. Pronto este momento de aislamiento continuo no será más que un mal recuerdo, pero hasta entonces, decidimos crear una lista de algunas actividades de bajo riesgo que se encuentran en la Ciudad de México.

Picnic en el Bosque de Chapultepec 

Crédito: mexicodesconocido.com.mx

Uno de los mejores lugares para olvidar que estás en una de las ciudades más pobladas del mundo es el Bosque de Chapultepec, el pulmón de la Ciudad de México y hogar de más de 170,000 árboles. En cualquiera de sus tres secciones podrás encontrar un espacio para extender una manta y compartir comida con algunos de tus seres queridos. Recomendamos los costados del Cárcamo de Dolores o cerca de Casa de Lago.

Caminar en el Parque México

Crédito: CDMX Travel

Según la Asociación Médica de Texas, salir a caminar, correr o andar en bici con otros es una actividad de bajo riesgo. En la Ciudad de México abundan los parques en donde se puede disfrutar de cualquiera de las tres. Uno de nuestros favoritos es el Parque México en la Condesa, que cuenta con distintas áreas incluyendo un espacio para perros y una explanada abierta para patinar o estirarte al aire libre. Alrededor del parque hay comerciantes de todo tipo — vendedores de plantas, fruta, o accesorios — a quienes es especialmente importante apoyar durante estos tiempos.

Comer en un restaurante al aire libre 

Crédito: FoodandTravel.mx

Según el Huffington Post, otra actividad de bajo riesgo es comer en un restaurante que cuente con espacio al aire libre, siempre y cuando se tomen medidas de precaución como mantener 2 metros de distancia entre cada mesa y evitar el uso de menús reusables. Otras ciudades alrededor del mundo se han visto en una situación complicada debido a sus inviernos, pero por suerte, el frío en la Ciudad de México no es extremo, por lo cual aún es posible disfrutar de los espacios al aire libre — permanentes o temporales — que ofrecen algunos restaurantes. Al comer en cualquiera de ellos, es importante colocar nuestros tapabocas cuando interactuamos con los meseros u otras trabajadores del local, ya que ellos usan el suyo y es lo menos que podemos hacer para mitigar también su riesgo de contagio.

Hiking cerca de la ciudad 

Crédito: Jake Melara

Para quienes necesitan más que una caminata breve por el parque, existen diversas áreas naturales cerca de la ciudad para hacer hiking, como el Ajusco, el Nevado de Toluca o el Desierto de los Leones. Para ello es necesario prepararse más, con equipo deportivo, agua y algo de comida.

Tour arquitectónico del Centro Histórico 

Crédito: Laurentiu Morariu 

Otra actividad considerada de bajo riesgo es caminar por el centro de la ciudad, siempre y cuando uses cubrebocas y gel antibacterial constante. El Centro Histórico de la Ciudad de México es uno de los más dinámicos e interesantes del mundo, y no sólo por lo que se encuentra dentro de sus distintos edificios emblemáticos — tan sólo sus fachadas son dignas de ser contempladas con detenimiento. Aquí una lista de algunos edificios del centro que se consideran esenciales, pero te recomendamos que observes también aquellos que son más anónimos y que quizás han pasado desapercibidos. Finalmente, una de las pocas cosas buenas que ha traído la pandemia es abrirnos los ojos a aquello que antes dábamos por sentado.