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El Centro Histórico: Testigo de la independencia

septiembre 23, 2020

Además de ser una atracción turística, el Zócalo de la Ciudad de México suele ser escenario de numerosos eventos para los habitantes de la capital del país — conciertos, ferias, protestas y, año con año, el Grito de Independencia, que se lleva a cabo la noche del 15 de septiembre. Este 2020 fue la excepción. A raíz de la pandemia global que aún afecta a México, los festejos usuales de la independencia fueron modificados, y el Zócalo se mantuvo vacío, una imagen histórica que sólo podemos esperar no se repita en los años por venir. 

En Reurbano, nos apasiona la ciudad, desde sus fluctuaciones cotidianas hasta su evolución con el paso de las décadas y los siglos. Creemos que es importante entenderla como un ente mutable, que debe adaptarse constantemente a las costumbres y necesidades contemporáneas. Sin embargo, la preservación del patrimonio construido de una ciudad es igualmente importante; los edificios antiguos son muestra de su cultura, que crean un sentido de pertenencia en los habitantes de una ciudad y funcionan como evidencia tangible de su historia para cualquiera que la visite.

Crédito: Hugo Tovar

Espacios como el Zócalo o los edificios patrimoniales que se encuentran en el Centro Histórico han sido testigos de las transformaciones que ha tenido la Ciudad de México. En septiembre, hace 210 años, México logró su independencia, comenzando un nuevo capítulo en su historia que, como en cualquier otra ciudad alrededor del mundo, se puede analizar a través de la arquitectura que se produjo. 

Ya que en México no se dio una revolución industrial como en Inglaterra, la arquitectura en México siguió mostrando fuertes influencias europeas a lo largo del siglo XIX. Por ello, en el Centro Histórico de la CDMX abundan edificios de estilo neoclásico y barroco, construidos con materiales locales como la piedra caliza.

Crédito: Bhargava Marripati

Un ejemplo es el icónico Palacio de Minería, diseñado y construido entre 1797 y 1813 por el escultor y arquitecto valenciano Manuel Tolsá, a quien también se le atribuye la proyección del Museo Nacional de San Carlos, otro emblemático edificio de la Ciudad de México. Hacia finales del siglo, en 1891, se inauguró el primer Palacio de Hierro, cuyo diseño ofrece un vistazo a lo que sería la arquitectura industrial. Unos años después se terminó la construcción de lo que ahora es el Gran Hotel de la Ciudad de México, el primer edificio Art Nouveau en el país. Vale la pena detenerse en todos estos espacios la siguiente vez que te encuentres caminando por las calles del Centro Histórico, e imaginar por un momento todo de lo que han sido testigos.